martes, 26 de marzo de 2013

La Revolución


El Gatopardo 1963 (dirigida por Luchino Visconti)
Os transcribo un texto del autor polaco Slawomir Mrozek. Procede del libro “La vida para principiantes. Un diccionario intemporal”. Muy interesante.

Se titula La Revolución.

En mi habitación la cama estaba aquí, el armario allá y en medio la mesa. 
Hasta que esto me aburrió. Puse entonces la cama allá y el armario aquí. 
Durante un tiempo me sentí animado por la novedad. Pero el aburrimiento acabó por volver.
Llegué a la conclusión de que el origen del aburrimiento era la mesa, o mejor dicho, su situación central e inmutable.
Trasladé la mesa allá y la cama en medio. El resultado fue inconformista.
La novedad volvió a animarme, y mientras duró me conformé con la incomodidad inconformista que había causado. Pues sucedió que no podía dormir con la cara vuelta a la pared, lo que siempre había sido mi posición preferida.
Pero al cabo de cierto tiempo la novedad dejó de ser tal y no quedó más que la incomodidad. Así que puse la cama aquí y el armario en medio.
Esta vez el cambio fue radical. Ya que un armario en medio de una habitación es más que inconformista. Es vanguardista.
Pero al cabo de cierto tiempo… Ah, si no fuera por ese “cierto tiempo”. Para ser breve, el armario en medio también dejó de parecerme algo nuevo y extraordinario. Era necesario llevar a cabo una ruptura, tomar una decisión terminante. Si dentro de unos límites determinados no es posible ningún cambio verdadero, entonces hay que traspasar dichos límites. Cuando el inconformismo no es suficiente, cuando la vanguardia es ineficaz, hay que hacer una revolución.
Decidí dormir en el armario. Cualquiera que haya intentado dormir en un armario, de pie, sabrá que semejante incomodidad no permite dormir en absoluto, por no hablar de la hinchazón de pies y de los dolores de columna.
Sí, ésa era la decisión correcta. Un éxito, una victoria total. Ya que esta vez “cierto tiempo” también se mostró impotente. Al cabo de cierto tiempo, pues, no sólo no llegué a acostumbrarme al cambio –es decir, el cambio seguía siendo un cambio-, sino que, al contrario, cada vez era más consciente de ese cambio, pues el dolor aumentaba a medida que pasaba el tiempo.
De modo que todo habría ido perfectamente a no ser por mi capacidad de resistencia física, que resultó tener sus límites. Una noche no aguanté más. Salí del armario y me metí en la cama.
Dormí tres días y tres noches de un tirón. Después puse el armario junto a la pared y la mesa en medio, porque el armario en medio me molestaba.
Ahora la cama está de nuevo aquí, el armario allá y la meda en medio. Y cuando me consume el aburrimiento, recuerdo los tiempos en que fui revolucionario.

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Dedicado a todos aquellos y todas aquellas que quieren cambiar el mundo, nos cuentan su ideología una y otra vez (por TV, prensa, blog, twitter, facebook, youtube, escriben los mismos libros una y otra vez con distinto título) y demás cosas desde su tableta u ordenador último modelo pero que jamás trabajaron en el campo, ni en una fábrica y tampoco limpiaron en las casas de otros (ni ellos, ni sus padres). Eso sí, luego se arrogan la representación de todos estos y si su revolución sale mal siempre volverán a su elegante casa sin haber perdido nada. Eso sí jamás entienden por qué los demás no les hacemos caso. Obviamente sus ideas no estaban equivocadas, fuimos los demás quienes no supimos interpretarlas.
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Un poco de literatura sobre revolucionarios. Están muy bien.
Podéis ver que le pasa a Domingo Pajarito de Soto en La verdad sobre el caso Savolta de Eduardo Mendoza.
También podéis leer los libros de Borís Sávinkov: El Caballo Amarillo y El Caballo Negro.
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En Suiza, los políticos no cobran, existen listas abiertas (más información aquí)
Más cerca en Torrelodones, un grupo de ciudadanos han decidido plantar cara a los partidos tradicionales de derecha e izquierda (pp, psoe e iu) y usar el sentido común para gestionar los recursos del municipio  (aquí)