martes, 23 de abril de 2013

Los Comuneros, Villalar 23 Abril 1521


Bravo, Padilla y Maldonado ajusticiados. Óleo de Antonio Gisbert
23 de Abril. Además de San Jordi y del día del Libro, hoy es el Día de Castilla y León donde se conmemora la derrota de los Comuneros en Villalar (1521).
Probablemente si hubieran triunfado la historia de España y Castilla sería otra, y a lo mejor estaríamos hablando incluso de caminos diferentes.

Con apenas diecisiete años el futuro Carlos I heredó las Coronas de Castilla y Aragón y además en 1519 se convirtió en emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. La gestión institucional, política y económica de tan inmensos territorios requería importantes ingresos y en ese esquema la Castilla del Norte constituyó la clave. A su llegada a España, Carlos I se encontró con tres regiones económicas claramente diferenciadas: (i) Aragón insertada en un contexto económico difícil (declive) y con la expansión económica catalana en el Mediterráneo en entredicho ante la expansión turca (además la Corona Aragonesa estaba excluidos del comercio directo con América, ya que su descubrimiento en 1492 fue un encargo de la Corona Castellana); (ii) Sevilla y la Casa de Contratación de Indias (1503) vinculada a un desarrollo todavía demasiado incipiente del comercio americano; y (iii) la Castilla del Norte, en plena expansión económica y con fuertes vínculos con Inglaterra, Francia (su aliada en la Guerra de los Cien Años) y Flandes. El conflicto entre Carlos I (apoyado por la nobleza castellana) y los grupos de presión castellanos (burguesía comercial y pequeña aristocracia) no tardó en surgir.

La derrota de la elite castellana en la Guerra de las Comunidades (1520-22) condicionó su historia posterior. Dicho movimiento tuvo su núcleo principal en Toledo y Valladolid. Conviene recordar que entre 1504 y 1520 la expansión económica castellana propicia la consolidación de mercaderes y artesanos en Burgos, Medina de Campo, Salamanca, Segovia y Valladolid. Los intentos de expandir la revuelta al País Vasco y a Andalucía (en su inmensa mayoría más cercana a Carlos I) no fructificaron. El gran vencedor de este conflicto bélico fue la Monarquía en detrimento de señores (aristocracia castellana), ciudades (burguesía mercantil) y ciudadanos (jornaleros, campesinos y vasallos). Se impuso la organización administrativa y jurídica de la Monarquía. Se debilitó el peso de las ciudades, de sus instituciones políticas e incluso de los principios del federalismo. La probabilidad de que la Castilla del Norte siguiera una trayectoria parecida a otros territorios europeos basada en el poder aristocrático y la debilidad del Estado (orígenes del parlamentarismo) desapareció por completo. La influencia y la capacidad de negociación de las Cortes castellanas disminuyó (desapareció) progresivamente. Valladolid capital administrativa de facto hasta 1560, contempló como Felipe II trasladó la capital de España a Madrid en 1561 (con una breve interrupción en 1601-06 que volvió a la capital vallisoletana).

Más cosas. Se asume que los beneficios derivados del comercio con América recayeron en su totalidad sobre Castilla. Esto no es cierto. El monopolio del comercio con América correspondía a la Casa de Contratación de Indias, ubicada en Sevilla entre 1503 y 1717 y en Cádiz entre 1717 y 1790, fecha de su extinción. El declive del Consulado de Burgos, con una amplia jurisdicción sobre los puertos del norte, corre paralelo con el auge de la Casa de Contratación de Indias en Sevilla. Los déficit crónicos (y el consiguiente incremento de la presión fiscal para subsanarlos) durante el reinado de Felipe II, el aumento de la inseguridad en la navegación por el Atlántico Norte y el desarrollo de Sevilla explican la dinámica negativa de la economía a largo plazo en Castilla y León.

Para finalizar tal vez debiéramos recordar las palabras de José Ortega y Gasset (Castilla hizo a España y la deshizo), de Claudio Sánchez Albornoz (Castilla hizo a España y España deshizo a Castilla) y Julián Marías (Castilla se hizo España).
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Fijaros lo que comentaba un viajero francés, Barthélemy Joly en el siglo XVIII:
"Entre ellos los españoles se devoran, prefiriendo cada uno su provincia a la de su compañero y haciendo por deseo extremado de singularidad muchas más diferencias de naciones que nosotros en Francia, picándose por ese asunto los unos de los otros y reprochándose el aragonés, el valenciano, catalán, vizcaíno, gallego, portugués, los vicios y desagracias de sus provincias; en su conversación ordinaria. Y si aparece un castellano entre ellos, vedles ya de acuerdo para lanzarse todos juntos sobre él, como dogos cuando ven al lobo".
(Citado por R. García Cárcel en La herencia del pasado. Las memorias históricas de España, pp. 194-95)
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Algunas Recomendaciones:
Pérez, J.: La revolución de las comunidades de Castilla (1520-1521)
Carasa Soto, P.: La memoria histórica de Castilla y León: historiografía castellana en los siglos XIX y XX
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Aquí tenéis un resumen sobre como el cine y el teatro han tratado la historia de los Comuneros.
Os dejo dos documentales sobre Carlos I y sobre su madre Juana la Loca, donde se comentan cosas sobre la Guerra de comunidades.
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En definitiva, demasiada manipulación sobre la historia de Castilla y León. La historia de Castilla y León ha sido mitificada por el romanticismo liberal o por los federalistas del sexenio democrático (1868-74), pero al mismo tiempo ha sido un instrumento en manos del nacionalismo centralista de Cánovas y secuestrada vilmente por el nacionalcatolicismo llevado a cabo por el franquismo. Ya lo dijo, el gran Stefan Zweig en El Mundo de ayer, el nacionalismo es la peor de todas las pestes. Esto ha provocado que todos los nacionalistas periféricos hayan criticado en exceso a Castilla, cuando realmente quieren hablar de Madrid. No obstante, uno de los defectos de los que vivimos en España es que normalmente, la culpa de lo que nos pasa es siempre de otros, nunca es de uno mismo. Por eso, tampoco en Castilla y León debemos pensar que nuestra situación actual (e incluso nuestra historia) es única y exclusivamente consecuencia de los excesos del centralismo político de Madrid.