martes, 6 de agosto de 2013

La cosa más dulce y la Abeja Maya... azúcar, tráfico de esclavos, abejas y precio de los alimentos

Original aquí
Pues no... No voy a escribir sobre la comedia La cosa más dulce y los dibujos animados de La Abeja Maya, sino del azúcar y del peligro que representa la desaparición de las abejas.

Hacia el año 600 el refino del azúcar llegó a Persia (más detalles sobre la historia persa aquí y si queremos ver la historia a través de los ojos persas aquí) procedente de la India. Una vez que los árabes conquistaron Persia extendieron el consumo del azúcar por la cuenca mediterránea. Así en el siglo X el cultivo de la caña de azúcar estaba asentado en Siria, Egipto, Sicilia, Chipre, Marruecos y Andalucía (Al-Andalus). Los árabes perfeccionaron el refino del azúcar y lo convirtieron en una industria (mazapán), en la cual no dudaron en emplear mano de obra esclava procedente de la Europa del Este: prisioneros de guerra capturados en las continuas guerras entre cristianos y musulmanes. En cualquier caso, las Cruzadas no hicieron sino expandir el consumo en Occidente y el comercio del azúcar entre Occidente y Oriente.


La expansión del Imperio Otomano (video aquí) durante el siglo XV dificultó el comercio con Oriente y dejó a los europeos en manos de los pequeños productores del sur de Europa, en conflictos continuos con los turcos o en tratar de encontrar nuevas vías de abastecimiento. De hecho, uno de los incentivos que estimuló la Era de los Descubrimientos fue la búsqueda de terrenos adecuados para cultivar caña de azúcar. En 1425 el portugués Enrique el Navegante envió la planta a Madeira y algo similar ocurrió en Cabo Verde (sobre los descubrimientos portugueses aquí) y en las Islas Canarias. El descubrimiento de América lo cambió todo.

Original aquí
Cuando Colón (video aquí) vuelve a América en 1493 lleva consigo la caña de azúcar. Así comenzó el boom del azúcar en las islas del Caribe con un pero: su asociación a la utilización de mano de obra esclava. El modo de proceder fue básicamente el  mismo: cada pocos años se colonizaba una nueva isla se talaban sus bosques y se plantaban cañaverales. Cuando los nativos morían, los dueños de las plantaciones los sustituían por esclavos africanos. Así sucedió en La Española (actuales Rep. Dominicana –colonia española hasta 1821- y Haití –española hasta 1697 y desde entonces hasta 1804 bajo dominio francés), Cuba (colonia española hasta 1898), Jamaica (española hasta 1655 y desde entonces hasta 1962 británica), Puerto Rico (española hasta que fue cedida a EEUU en 1898), Trinidad y Tobago (españolas hasta 1802 y desde entonces hasta 1962 británicas) y Barbados (prácticamente deshabitada hasta 1620 en que los británicos se asentaron en ella, se independizó en 1966). Probablemente el modelo más eficiente lo desarrollaron los portugueses en Brasil donde más de 100.000 esclavos producían toneladas de azúcar.

La expansión de los cañaverales hizo disminuir el precio del azúcar y por consiguiente su demanda creció. A mediados del siglo XVII, el azúcar dejó de ser una producto de lujo para convertirse en un alimento básico en la dieta de todos los ciudadanos. El azúcar se cargaba en las bodegas de los barcos y viajaba a Londres, Ámsterdam y París, donde se intercambiaba por productos manufacturados, que a su vez se enviaban a la costa occidental de África para comprar con ellos más esclavos (traficantes árabes) y volver a las islas. En esto consistía el comercio triangular con Gran Bretaña como gran potencia política y económica la travesía del Atlántico. Lo que no suele contarse es que más de 11 millones de africanos fueron enviados al Nuevo Mundo como esclavos y más de la mitad a las plantaciones de azúcar. La travesía del Atlántico se convirtió en un auténtico cementerio para millones de africanos y en un billete para el infierno gracias al imperio británico (bien es cierto, que no fueron los únicos). Para el historiador caribeño Eric Williams, a los africanos se les consideró inferiores para justificar la esclavitud: en otras palabras, el racismo fue consecuencia de la esclavitud y no al revés. Ajeno a todo esto vivía la población europea. Según cita el National Geography (agosto 2013 edición española), en 1700, el inglés medio consumía 1.8 kilos de azúcar al año; en 1800, 8.2 kilos; en 1870, 21 kilos y en 1900, 45 kilos. Entre 1870 y 1900 la producción mundial de azúcar de caña y de remolacha pasó de 2.5 millones de toneladas anuales a 12 millones. Por poner un ejemplo actual, hoy en día un estadounidense medio consume 35 kilos de azúcar añadido al año. 

Afortunadamente Gran Bretaña prohibió el tráfico de esclavos en 1807. ¿Por qué? Por razones humanitarias o por qué siendo la principal potencia industrial, comercial y marítima del mundo, el objetivo británico consistía en imponer el libre comercio -el comercio en términos británicos- al resto del mundo (consultar un antiguo artículo de Gallagher y Robinson: "The Imperialism of Free Trade", Economic History Review 6, n. 1 (1953): 1-15). Recordemos que a principios del siglo XVIII el tratado de Utrecht permitió a Gran Bretaña, en función del Tratado del Asiento de Negros (1713), monopolizar el comercio de esclavos mediante la venta anual de 4800 esclavos negros en las colonias españolas durante un periodo de treinta años hasta 1743 (en total 144000). En la actualidad los países del Caribe están estudiando reclamar a Gran Bretaña, Francia, Holanda, España y Portugal una compensación por el tráfico de esclavos. Más información sobre el comercio triangular aquí e igualmente tenéis la página de Naciones Unidas sobre la abolición de la esclavitud aquí con video aquí.


Y así llegamos hasta nuestros días donde el azúcar se ha convertido en uno de los placeres de la vida. Pregunta. ¿Por qué una tercera parte de los adultos tienen hipertensión, cuando en 1900 eran el 5%? ¿Por qué en 1980 había 153 millones de diabéticos y ahora hay 347 millones? ¿Por qué hay cada vez más obesos en Estados Unidos? (datos procedentes National Geography agosto 2013 edición española). Para muchos investigadores la razón reside en el aumento del consumo del azúcar y en particular de la fructosa. Con demasiada frecuencia los fabricantes recurren al azúcar añadido para dar sabor a los productos elaborados con pocas grasas. En consecuencia, necesitamos una dieta más sana que incorpore el uso de frutas y verduras.

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Resulta que la polinización de las abejas permite que tengamos alfafa, almendras, berenjenas, calabazas, calabacines, cerezas, ciruelas, frambuesas, fresas, manzanas, melocotones, melones, pepinos, peras, tomates, tréboles y zarzamoras. Gracias a las abejas tenemos espárragos, aceite de colza y de girasol, fibras textiles como el lino y el algodón. Asimismo la vid depende parcialmente de la labor de las abejas –y con ella, la producción de vino y mosto (más detalles aquí y aquí).

Problema. Hacia el año 2007 los investigadores descubrieron con gran estupor que una cuarta parte de los apicultores estadounidenses habían sufrido pérdidas catastróficas (aquí, aquí y aquí). El desastre se ha extendido a otros países: Brasil, Canadá, Australia, Francia, España o Taiwan (donde se ha llegado a contabilizar la desaparición de 10 millones de abejas). En Europa, las pérdidas de colmenas se suceden anualmente a un ritmo de un 20%. Según Suso Asorey, secretario de la Asociación de Apicultores Gallegos (AGA), "en España antes de 1994 había una desaparición anual de entre el 5% y el 7%, desde entonces las perdidas superan el 30%".

¿Por qué están desapareciendo las abejas? Existen varias razones:  parásitos (aquí y aquí), cambio climático y sobre todo los pesticidas. En principio, los inmensos campos de monocultivos que sostienen la agricultura mundial constituyen un imán para millones de insectos devoradores. La única manera de eliminarlos es utilizando nuevas fórmulas de plaguicidas e insecticidas cada vez más letales. Y son estas sustancias tóxicas, las cuales podrían estar alterando el comportamiento y el sistema nervioso de las abejas. Recientemente 27 países europeos han aprobado una suspensión por dos años de estos pesticidas (más detalles aquí y aquí), a pesar de la resistencia de los gigantes químicos, Bayer y Sygenta.

¿Qué podría pasar en el futuro? Para una persona rica es relativamente fácil divertirse y pagar una dieta saludable, para una persona pobre lo más fácil es que se compre una tarta en el supermercado. En un mundo sin abejas, una gran parte de las frutas y verduras comunes de los supermercados desaparecerían de las estanterías y sus precios resultarían tan elevados que una familia de bajos ingresos seguiría alimentándose con alimentos ricos en azúcar (y por tanto, aumentarían sus problemas de obesidad, diabetes, hipertensión y enfermedades cardiacas).

Original Banco Mundial
Pero todavía podrían complicarse más las cosas. En 2008 se produjo un aumento de los precios en los alimentos ¿Por qué? Una vez que estalló la crisis financiera con el estallido de las hipotecas subprime, muchos fondos de inversión decidieron invertir en materias primas. En otras palabras, fondos de alto riesgo y bancos pueden influir ahora en el precio del pan en Túnez, la harina en Kenia o el maíz en México (más información aquí y aquí). Parece ser... que todo el mundo necesita comer. ¿Qué estuvo detrás de la denominada Primavera Árabe? Seguro que existen razones políticas (déficit democrático) pero también económicas. Según el New England Complex Systems Institute (NECSI), existe una correlación más o menos evidente entre el nivel del precio de los alimentos y la posibilidad de disturbios y revueltas sociales (informe aquí; noticia aquí).

The Food Crises and Political Instability in North Africa and the Middle East