miércoles, 24 de agosto de 2016

Aquellos tiempos en los cuales Suecia dominaba Europa: de Westfalia (1648) a Poltova (1709)

Gustavo II Adolfo (1594-1632). Original aquí.
Aunque desde mediados del siglo XVI la corona sueca se había ido asentando, fue con el monarca Gustavo II Adolfo (1611-32) cuando alcanzó su etapa de máximo explendor. Su objetivo principal consistió en intentar controlar por completo el Mar Báltico al tiempo que quiso extender la causa protestante. Para financiar tal objetivo se apoyó en la producción minera del país, en el desarrollo de la industria metalúrgica y en la alianza con Francia. Contó con un fuerte apoyo de la nobleza sueca (la cual vio aumentados sus privilegios y su posición a cambio de colaboración militar y política) y con un importante respaldo social que le permitió reclutar un ejército integrado mayoritariamente por soldados suecos -reclutados de forma casi obligatoria, en un claro antecedente de las milicias nacionales- y en menor medida por mercenarios extranjeros, especialmente alemanes. Los éxitos de su política exterior fueron evidentes: tratado de Knäred (1613) con Dinamarca que permitió a los barcos suecos la libertad de navegación; tratado de Stolbovo (1617) con Rusia, que implicó los territorios de Carelia e Ingria; y el tratado de Altmark (1629) con Polonia, que supuso Livonia, algunos puertos situados en Prusia oriental y los beneficios aduaneros de Danzig.

Suecia, c. 1658. Original aquí.
En 1618 comenzó en Europa la denominada Guerra de los Treinta Años aparentemente en torno a la libertad religiosa. Sin embargo, Francia y Suecia tenían más intereses políticos que religiosos. Básicamente querían expandir su esfera de influencia hacia el centro del continente europeo y al mismo tiempo delimitar el poder del emperador alemán. La Guerra de los Treinta Años tuvo lugar fundamentalmente en el norte y este de Alemania donde dejó importantes secuelas. La Paz de Westfalia (tratados de paz de Osnabrück y Münster, firmados el 15 de mayo y el 24 de octubre de 1648 respectivamente) supuso para católicos, protestantes y calvinistas la libertad religiosa. En la práctica supuso un debilitamiento de la Iglesia Católica y un aumento de la influencia de los países protestantes y calvinistas. El nuevo orden creado fue garantizado por las grandes potencias y otorgó a Suiza y Holanda su independencia. Suecia se aseguró regir los obispados de Bremen y Verden, mientras que el príncipe elector de Brandeburgo recibió territorios que pronto serían la cuna de Prusia. También Francia (Borbones) alcanzó sus objetivos de guerra ganando regiones que le permitieron librarse del acorralamiento de los Habsburgo (España y Austria). Suecia y Francia asumieron las garantías de la Paz de Westfalia ya que sin su autorización no podía cambiarse ninguna disposición. ¿Qué significaba esto? Sencillamente que los alemanes no podían decidir por si mismos sobre su destino. Si dos o más estados alemanes querían unirse, sólo podían hacerlo con la aprobación de Francia y Suecia. Con este status quo en el centro de Europa se impedía el surgimiento de un Imperio Alemán en el centro del continente (más detalles aquí).

Poltava. Nicolas de Larmessin (1684-1755)
Desde mediados del siglo XVII el Imperio Sueco se dedicó a consolidar su poder en el Báltico, lo cual no hizo sino incrementar su nómina de enemigos. En 1700 el zar Pedro I el Grande coaligado con varios países bálticos decidió acabar con la hegemonía sueca en el norte de Europa. Entre 1700 y 1721 se produjo la Gran Guerra del Norte (más detalles aquí) por la supremacía en el Mar Báltico. Básicamente era una gran coalición formada por Rusia, Dinamarca-Noruega, la república de Polonia-Lituania y Sajonia contra Suecia. En 1707 el imperio sueco rechazó la alianza francesa para convertir la Gran Guerra del Norte y la Guerra de Sucesión Europa en una única gran guerra europea. El golpe que cambió la guerra se produjo el 28 de junio de 1709 cuando el zar Pedro I el Grande derrotó en las estepas ucranianas (Poltova) a los ejércitos suecos del rey Carlos XII. Murieron más de 9,000 soldados, 7,000 de ellos suecos. Hacia 1715 Hannover y Prusia se sumaron a los aliados. El Imperio Sueco siguió prácticamente sólo más allá de acuerdos puntuales con el Imperio Otomano. El conflicto terminó en 1721 con el Tratado de Nystad. Mientras la guerra de Sucesión Española supuso el ascenso al liderazgo mundial de Inglaterra, Poltova supuso que Rusia se incorporaba a la geopolítica mundial como actor principal. Pudo ser Suecia, pero fue Rusia. 

Para saber más os recomiendo el entretenido libro de Peter Englund (entrevista aquí): La batalla que conmocionó Europa. Poltava y el nacimiento del Imperio Ruso.