martes, 11 de noviembre de 2014

Religión y Crecimiento Económico

Luis F. Sanz. Original El País
Max Weber argumentaba en "La ética protestante del capitalismo", que el catolicismo tradicionalmente hostil a la usura y más favorable a la jerarquía que al individualismo potenciaba menos el progreso económico y la ciencia que el protestantismo, el cual incentivaba la responsabilidad individual. Para De Candolle, botánico suizo, el genio más que nacer, se hace. Su tesis se apoyaba en las cifras sobre el número de científicos entre la población europea. Mientras que los científicos en Suiza e Inglaterra estaban en mayor proporción que la media europea, en Portugal y España ocurría lo contrario. Holanda había dado muchos científicos a lo largo del siglo XVIII, pero menos que Francia, Inglaterra y Alemania en el XIX. De Candolle, argumentaba que estos datos reflejaban el grado en el que la ciencia se potenciaba en cada momento y lugar. En Suiza, por ejemplo, abundaban los científicos procedentes de países en los cuales la ciencia no daba muchos individuos destacados. Al igual que Weber, De Candolle indicaba que una religión autoritaria constituía un elemento negativo para el desarrollo de la ciencia (más información en este excelente blog).

Recientemente Davide Cantoni ha desmontado la tesis clásica sobre que los protestantes son más eficientes e industriosos que los católicos. Este autor ha comprobado en 272 ciudades alemanas (162 luteranas, 88 católicas y 21 calvinistas) que la religión no explica las diferencias de crecimiento entre unas y otras a lo largo de 600 años (1300-1900). Dicho de otra forma, la religión no importa a la hora de explicar el progreso económico. Más detalles aquí.


Hacia el año 70 los judíos eran en su mayor parte campesinos analfabetos que vivían entre Israel y Mesopotamia. En 1492 se habían convertido en una pequeña comunidad instruida y desperdigada por distintos centros urbanos, desde Sevilla a Mangalore (India), que se dedicaba a oficios artesanales, al comercio, al préstamo de dinero y a la medicina. ¿A que se debió esa transformación? Según Botticini y Eckstein (véase "Los pocos elegidos. La influencia decisiva de la educación en la historia del pueblo judío, 70-1492") esta transformación no fue consecuencia de las persecuciones ni de las restricciones legales, sino de los cambios que experimentó el propio judaísmo. En concreto, el surgimiento de normas que obligaban a todo varón judío a leer y estudiar la Torá y al mismo tiempo mandar a sus hijos varones a la escuela. En los seis siglos posteriores, aquellos judíos que encontraron demasiado rigurosas las reglas la religión judía optaron por convertirse a otras religiones. Esto provocó obviamente una reducción de la comunidad judía mundial. Cuando en la Edad Media, los califatos musulmanes estimularon la demanda de aquellas profesiones que requerían una relativa formación intelectual, los judíos aprovecharon su ventaja comparativa en la educación en un mundo donde el analfabetismo era algo muy extendido y prácticamente común. Desde entonces, una amplia mayoría de judíos se especializó en oficios artesanales y actividades comerciales. Al mismo tiempo, una gran parte de los judíos comenzó a emigrar en busca de lo que se podría denominar nuevas oportunidades empresariales. 

Los economistas Barro y McCleary subrayan que el desarrollo económico se ve favorecido por la religiosidad. No obstante, cuando mayor es el nivel de desarrollo (es decir, cuanto más elevada es la renta personal) menor es la religiosidad de las personas. Según estos autores, el crecimiento económico (medido a través del PIB per cápita) responde positivamente a las creencias religiosas, especialmente cuando existe la creencia en el cielo o en el infierno y en la vida después de la muerte. Sin embargo, existe una correlación negativa entre la asistencia a la Iglesia y el crecimiento económico. En otras palabras, en aquellos países donde las personas asisten con más frecuencia a la Iglesia, el crecimiento económico es menor. La explicación a este hecho es relativamente sencilla: si una persona cree en el infierno o en el cielo no asistirá a la Iglesia para no malgastar su tiempo e intentará ser lo más productivo posible; por el contrario, cuando una persona no se siente demasiado útil a la sociedad asistirá con mayor frecuencia a eventos religiosos porque el coste de oportunidad de su tiempo es menor (o dicho de otra forma, el precio de la religión es menor). Para Barro y McCleary también existe una correlación negativa entre urbanización (asociada a una mayor disponibilidad de ocio) y religión, mientras que la relación entre religiosidad y educación es positiva. Asimismo subrayan que la religión influye sobre el crecimiento económico de forma indirecta a través de sus enseñanzas ya que incentiva a las personas a tener valores esenciales para garantizar un sistema económico más eficiente: honestidad, ética de trabajo, respeto y tolerancia, entre otros.

Con respecto a España, me gustaría destacar los trabajos de Vidal-Robert sobre los efectos de la Inquisición a largo plazo (versión extendida aquí). En su opinión, la actividad represiva de la Inquisición tuvo un efecto negativo en el desarrollo económico hasta la primera mitad del siglo XIX y sobre todo debilitó la transmisión de ideas relacionadas con la implementación de la Revolución Industrial en España. Y eso que la Inquisición española no fue la institución europea que más personas "ejecutó" -en torno al 3%- comparada con la Chambre Ardente de París que ejecutaba entre el 7%-8% y sobre todo con la brutal caza de brujas en Alemania. En cualquier caso, estas cifras no deben interpretarse para intentar minusvalorar la relevancia de la Inquisición en la economía y sociedad española. Todo lo contrario: la Inquisición se suprimió en España en 1834. Sobran las palabras.