jueves, 23 de abril de 2015

Celebrando el 23 de Abril en Castilla y León. Homenaje a Juan Martín Díaz, El Empecinado


Retrato de Juan Martín por Goya (aquí)
Hoy es 23 de abril, día del libro, día de Sant Jordi, día de Aragón y también día de Castilla y León. En la comunidad castellano-leonesa se celebra el día de los Comuneros (Villalar) que ya ha sido explicado en este blog y que obviamente es conocido en toda la comunidad (no ocurre así en el resto de España, para quienes Castilla y León sigue siendo una completa desconocida). En esta ocasión, voy a escribir sobre uno de los personajes más importantes y cuyo carácter refleja como pocos el espíritu indomable de estas tierras norteñas olvidadas de la Península Ibérica. Su nombre: Juan Martín Díaz, el Empecinado (aquí, aquí y aquí). Antes de entrar en detalles, necesitamos ubicarnos brevemente en la historia. Vamos allá.

El siglo XVIII se caracterizó por la lucha entre Inglaterra y Francia por ver cual de los dos países asumía el liderazgo internacional. El primer episodio lo constituyó la Guerra de Sucesión Española (1700-14) (vídeo aquí) que supuso la entrada en la Monarquía Hispánica de una dinastía francesa, pero al mismo tiempo la consolidación de Gran Bretaña como actor principal en la geopolítica internacional. El episodio más importante lo constituyó la denominada Guerra de los Siete Años (1756-63). Esta primera gran guerra mundial que se libró en Europa, América, Asia e incluso en África aupó a Gran Bretaña como primera potencia mundial. A partir de ahí Francia va a intentar desestabilizar el poderío británico (al igual que habían hecho los bárbaros con los romanos, franceses y británicos con España o españoles y alemanes contra Francia, por poner un par de ejemplos). La primera ocasión se produjo con la Guerra de Independencia de EEUU (1775-83) donde franceses y españoles (sobre la ayuda española vídeo aquí) apoyaron a los norteamericanos a conseguir su independencia y a que Gran Bretaña sufriera una significativa derrota (Paz de Versalles, 1783). Sin embargo, no todo fue favorable para Francia. El déficit fiscal aumentó de forma considerable. Al mismo tiempo se produjeron malas cosechas, hambrunas, una crisis industrial motivada por la competencia de los productos británicos y finalmente levantamientos sociales. El resultado fue la bancarrota de 1788 que aceleró la llegada de la Revolución Francesa. La Revolución Francesa trajo guerras a Europa, pero también trajo otras cosas altamente beneficiosas. Se produjo la Declaración de los Derechos del Hombre (1789); se terminó con los privilegios de una sociedad estamental (nobleza y clero) y con las prerrogativas de la monarquía. Toda Europa estaba imbuida de las ideas de Voltaire, Rousseau o d’Alambert (y su famosa Enciclopedia).


Motín de Esquilache. Goya, c. 1767-70 (privada)
En España, las cosas eran un poco más difíciles. Jovellanos señalaba que en los países europeos la física newtoniana, la anatomía, la botánica, la geografía y la historia natural (entre otras) se estudiaban cada vez más en las universidades… pero aquí la educación estaba bajo jurisdicción de los grupos de presión religiosos. A consecuencia de ello lo que existía era una gran cantidad de libros prohibidos. Determinados grupos de presión –gran parte de la nobleza (puede verse un antecedente en el Motín de Esquilache de 1766), partidarios de una monarquía absolutista y la Iglesia- estaban en contra del progreso porque eso supondría, como se diría en Estados Unidos, un nuevo reparto (New Deal). Con el progreso científico, la Revolución Industrial y la monarquía parlamentaria es evidente que nuevos actores se beneficiarían del progreso. El dilema para la clase dirigente era el siguiente: ¿progreso para toda la nación a costa de eliminar mi situación privilegiada u oposición al progreso que bien pudiera incrementar el bienestar de todo el país pero que permitiría mantener mi estatus? (Sobre la pervivencia de las instituciones ineficientes puede consultarse el artículo de Acemoglu: Modeling Inefficient Institutions). Así que se empezó a utilizar de forma despectiva el término de afrancesados para todos aquellos Ilustrados y elites que participaban en redes y reuniones europeas de lectura. Incluso se criticó que vinieran a España obreros especializados, inventores, ingenieros e incluso profesores.

En el plano geopolítico, en 1791 se produjo la declaración austro-prusiana de Pillnitz que consistió en un llamamiento a los monarcas europeos para restablecer el orden en Francia. Acabar con los privilegios parece razonable, hacerlo a través de la guillotina no tanto. En este contexto, los británicos decidieron liderar la Primera Guerra de Coalición anti-francesa (1792-97); de tal forma que GBR, Austria, Prusia, Piamonte y España declararon la guerra a Francia. El objetivo de Godoy, primer ministro de Carlos IV, consistía en recuperar los territorios catalanes del Rosellón perdidos por la Monarquía Hispánica en 1659. Al final no se consiguió nada y Godoy decidió firmar la Paz de Basilea con Francia en 1795 (se cedió a Francia la actual Haití). 

Godoy, Presentando la Paz a Carlos IV. José Aparicio, c. 1796
En esta Guerra del Rosellón (1793-95) participó con apenas dieciocho años nuestro personaje. Juan Martín Díaz nació un 5 de septiembre de 1775 en el pueblo vallisoletano de Castrillo de Duero. Por dicho pueblo discurre el río Botijas, en cuyas aguas se forman balsas de cieno y barro denominadas pesinales. Por tal razón, a todos los lugareños les llamaban en tono despectivo empecinados. Como tantos otros dejó la escuela (también es cierto que era lo más frecuente e incluso normal) para coger los aperos de labranza. Sin embargo, se sintió atraído por el ejército y por la posibilidad de vivir aventuras. Así que decidió combatir bajo las órdenes del general Ricardos en el Rosellón. Probablemente no se llevó un buen recuerdo de los franceses y esto le marcaría en años venideros. Una vez finalizada la guerra volvió a Castrillo para casarse con Catalina de la Fuente y establecerse en la localidad burgalesa de Fuentecén. Corría el año de 1796. 

Familia Carlos IV. Goya c. 1800, Museo del Prado
En Europa las cosas siguen revueltas. España en virtud de los Pactos de Familia es aliada de Francia. Y en Francia quien se ha hecho con el poder es Napoleón. Los valores de la República Francesa –libertad, igualdad y fraternidad- van a defenderse e imponerse a través de las armas. No parece el mejor camino (así parece entenderlo un decepcionado Beethoven y su no dedicatoria en su sinfonía nº3 Eroica). En 1805 tiene lugar la famosa batalla de Trafalgar, donde las tropas hispano-francesas bajo el mando de Villeneuve fueron derrotadas por Nelson. España perdió gran parte de su flota para proteger sus comunicaciones con América y los ingleses se convirtieron en dueños del mar hasta 1914. La respuesta de Napoleón no se hizo esperar. En 1806 el Emperador decreta el bloqueo continental contra Inglaterra para lo cual necesitaba invadir Portugal (aliado de Gran Bretaña). Bajo este pretexto el gobierno títere de Carlos IV permite en 1807 la entrada de soldados franceses (Tratado de Fontainebleau). Las tropas francesas al mando del general Murat se sitúan de forma estratégica en las principales ciudades españolas. El 17 de marzo de 1808 se produce el motín de Aranjuez que provoca la caída de Godoy, la abdicación de Carlos IV y la llegada al trono de Fernando VII. De forma ruin y lamentable Carlos IV y Fernando conspiraban el uno contra el otro y acudían a Napoleón para pedirle sus favores. Paralelamente, la leyenda señala que Godoy era el amante de la reina María Luisa de Parma, mujer de Carlos IV. Ante este panorama tan poco fiable Napoleón decide actuar a su manera. El Emperador decide convocar a Carlos IV y Fernando VII en Bayona donde consigue que ambos abdiquen el 5 de mayo en favor de su hermano, José I Bonaparte

Fusilamientos 3 mayo 1808. Goya, c. 1814. El Prado
En Madrid las cosas se han precipitado con más de 50,000 soldados franceses. Desde el 2 de mayo y durante tres días los franceses fusilan indiscriminadamente a miles de madrileños con un testigo de excepción, Goya (véanse Los Desastres de la Guerra). Casi todos población civil. El ejército regular está paralizado ante la falta de gobierno. Los afrancesados y los Ilustrados que veían a la República Francesa como el modelo para sacar a España del atraso se encuentran frente al drama de su vida. La modernidad y el progreso, Napoleón los quiere imponer a base de bayonetas. Luchar contra Napoleón supone apoyar a quienes han llevado a España al desastre político, institucional y económico. El pueblo llano no tuvo otra que apoyar a aquellos (la familia real, la nobleza y la iglesia) que habían sumido a España en el analfabetismo, en la incultura y en la superstición (documental sobre este periodo aquí).

Duelo a garrotazos. Goya, c. 1820-23. El Prado
Ha comenzado la mal llamada Guerra de la Independencia (1808-14) (véanse los excelentes fondos de PARES) que no es más que un episodio de las Guerras Revolucionarias y Napoleónicas que afectaron a Europa entre 1789 y 1814. Las consecuencias fueron terribles. Más de 500,000 españoles y otros 120,000 franceses murieron en poco más de seis años. Pero aún siendo esto terrible, mucho peores fueron las consecuencias políticas y las dudas que desde entonces generó (y genera) el proyecto de España. El mito de las “Dos Españas” que Goya había anticipado a mediados del siglo XVIII con la oposición de una gran parte de la nobleza y la Iglesia a las reformas de Carlos III, tomará tintes dramáticos en el siglo XIX y XX.

En ese mismo año de 1808 las tropas francesas llegan a Fuentecén. La leyenda apunta a que soldados franceses violaron impunemente a una lugareña (más detalles aquí). Juan Martín no se quedó quieto. En compañía de sus hermanos y varios más decidieron administrar justicia en tiempos de guerra. A consecuencia de ello, Juan Martín se echó al monte con varios de sus seguidores. No fue el único. Gran cantidad de guerrilleros vallisoletanos y burgaleses actuaron en los caminos que servían de aprovisionamiento a los ejércitos franceses: una extensa área geográfica extensa comprendida entre las provincias Burgos, Valladolid, Cuenca, Segovia, Soria y Madrid. Más de 40,000 guerrilleros combatieron para defender su idea de libertad y de patria. Benito Pérez Galdós describió en sus Episodios Nacionales al Empecinado como una persona noble pero ruda: “Juan Martín, por ejemplo, que, aun siendo general, nunca dejó de ser carbonero”. (Existe un episodio nacional dedicado por completo a Juan Martín, El Empecinado).

La lucha con los mamelucos. Goya, c. 1814. El Prado
Juan Martín Díaz se convirtió pronto en un héroe. A pesar de la victoria en Bailén, el ejército regular español iba de derrota en derrota. Sirvió a las órdenes del general De la Cuesta, un general poco brillante que fue derrotado en Medina de Rioseco y en Cabezón de Pisuerga. En su opinión, servir en el ejército regular no era la solución. Sus diferencias de criterio le llevaron incluso a ser encarcelado por motivos disciplinarios en Burgo de Osma. Así que decidió apostar por la guerra de guerrillas. Cientos de hombres empezaron a alistarse en las filas de El Empecinado. Hasta tal extremo llegó la eficacia de Juan Martín que Napoleón dio órdenes expresas a Joseph Léopold Hugo (libro aquí) (padre del famoso escritor Victor Hugo, autor de Los Miserables) para que terminara con el problema. El general francés llegó a capturar a la madre de Juan Martín y a varios de sus familiares, al tiempo que le hizo llegar el siguiente ultimátum: “entrega inmediata ya que en caso contrario fusilaría a su madre y familiares” (más detalles aquí). La respuesta del Empecinado fue clara y directa. En caso de que ejecutase a su madre, pasaría a cuchillo a 100 soldados franceses que tenía como prisioneros. Es más, fusilaría a partir de entonces a cualquier soldado francés capturado. La amenaza de Juan Martín surtió efecto y el general francés dejó libre a su madre. Sus éxitos militares, su popularidad y su capacidad de liderazgo llegaron a todos. Su nobleza y dotes de mando en el campo de batalla le granjearon el respeto de sus enemigos. De hecho, Léopold Hugo le instó a que se pasase a las tropas imperiales. El Empecinado le propuso exactamente lo mismo al padre del futuro Victor Hugo. Intentó sin éxito secuestrar José I Bonaparte. Más de 6,000 hombres le seguían por los montes de Castilla donde protegía pueblos enteros y franqueaba el paso para los ejércitos regulares anglo-hispanos. En 1811 se puso al frente de un regimiento de húsares en Guadalajara; en la campaña de Aragón junto con otros guerrilleros derrotó varias veces a los ejércitos Napoleónicos. Al acabar la guerra en 1814 contaba con más de 10,000 efectivos. La Regencia Gaditana le nombró primero capitán de caballería, luego brigadier y finalmente general. Y es que Juan Martín Díaz había jurado fidelidad a la Constitución de 1812 y a los valores que de ella se desprendían.

Tras la batalla de Los Arapiles (1812) (más detalles en PARES) y la llegada de Fernando VII, Juan Martín Díaz se retiró como Mariscal de Campo y se convirtió en gobernador de Zamora. La llegada de Fernando VII supuso probablemente la mayor decepción que ha sufrido la historia política española. El nuevo monarca pronto renegó de la Constitución de Cádiz (principales artículos aquí; documental aquí). De hecho, la tragedia de España en el siglo XIX, la Guerra Civil y la dictadura comenzó a tejerse en el Cádiz de 1812. Una de las constituciones más modernas de Europa, tal vez sólo equiparable a la de EEUU, provocó que los sectores más tradicionales y reaccionarios comenzasen a perseguir a los constitucionalistas antes que a un ejército invasor. Fernando VII supuso una vuelta al oscuro pasado de los grupos privilegiados. El 1 de enero de 1820 se produjo el pronunciamiento de Riego que obligó a Fernando VII a respetar la Constitución de Cádiz. Había comenzado el Trienio Liberal

Fernando VII. Goya, c. 1814-15. El Prado
Fernando VII en virtud de la Santa Alianza pidió ayuda a Austria, Prusia, Rusia y Francia y entraron en España los 100,000 hijos de San Luis para luchar en la denominada Guerra de la Lealtad. Paralelamente ofreció a Juan Martín un millón de reales y el título de conde para que se pusiera a su servicio. El Empecinado fue tajante: “Diga usted al Rey que si no quiere la Constitución, que no la hubiera jurado; que el Empecinado la juró y jamás cometerá la infamia de faltar a sus juramentos” (cita aquí). En suma, Juan Martín se sitúo en el bando liberal: aquellos que defendían la Constitución de Cádiz y que gritaban “Viva la Libertad”. En frente, los que antaño le apoyaron porque luchaba contra los franceses. Éstos gritaban “Vivan las caenas (cadenas)” y constituían el bando absolutista (documental aquí). Hacia 1823 todo estaba perdido para la causa liberal, pero El Empecinado siguió siendo fiel a la Constitución de Cádiz.

Fusilamiento de Torrijos (1831). Gisbert, c. 1888. El Prado

El 21 de noviembre de 1823 fue apresado en Olmos de Peñafiel, junto con otros 60 hombres, por los voluntarios realistas de Roa. Fue conducido a Roa de Duero en una jaula, al tiempo que sufrió todo tipo de humillaciones, vejaciones e insultos por todos los afines al absolutismo. ¿Por quién? Por los mismos que habían sido incapaces de derrotar a los ejércitos Napoleónicos y que no estaban dispuestos a renunciar a sus privilegios. Tras casi dos años en prisión, el 19 de Agosto de 1825 Juan Martín fue conducido al cadalso. Fernando VII no hizo absolutamente nada por el otrora Mariscal de Campo. Su mujer le traicionó paseándose delante de Juan Martín en brazos de un absolutista. El Empecinado exigió que se le fusilase como a un militar. Tampoco fue atendida su petición. En un arrebato de ira y frustración, Juan Martín Díaz rompió sus cadenas y grilletes. Sus captores lo mataron vilmente a bayonetazos. Fue ahorcado ya muerto y exhibido públicamente para escarnio de todos aquellos que estaban a favor de la libertad que abrazasen la libertad. Y es aquí donde comenzó la leyenda de todos aquellos que creyeron en la Constitución de Cádiz.

Acabo con unas palabras de Juan Martín, El Empecinado: "Yo soy un español y nada más. Mi partido es la independencia y libertad de mi patria y su mayor prosperidad afianzadas en la Constitución".

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Para saber más,
Sobre Juan Martín Díaz el Empecinado:
(i) Tres vídeos producidos para la televisión de Castilla y León (Con nombre propio) sobre la vida de Juan Martín, el Empecinado: capítulo 1, capítulo 2, capítulo 3.
(ii) Los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós

Sobre el contexto histórico a largo plazo recomiendo Mater dolorosa. La idea de España en el siglo XIX (2002) de José Álvarez Junco. La idea de España, se formó alrededor de la monarquía y el catolicismo, viéndose afianzada a principios de la edad contemporánea con la llamada 'guerra de independencia' contra los franceses (Guerras Napoleónicas). Esta idea se vio obstaculizada muy pronto a causa de la inestabilidad política, el atraso económico, la pérdida del imperio y la inexistencia de amenazas exteriores. Había más factores: la carencia de un sistema educativo y un servicio militar verdaderamente nacionales, además de los interminables debates entre liberales y conservadores sobre el sentido político de la identidad española. La derrota contra EEUU en 1898 (pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas) provocó una última crisis de identidad, de la cual surgieron los proyectos nacionalistas periféricos.

Otra forma de ver la historia de España, en Arturo Pérez-Reverte: Una historia de España