jueves, 30 de julio de 2015

En qué consiste una revolución: manual en cinco pasos para ser un buen revolucionario

En el libro "Por qué fracasan los países", Daron Acemoglu y James Robinson demuestran que las reformas económicas no dependen de sus efectos económicos sobre el PIB, sino de los equilibrios políticos entre los distintos grupos de presión de un país. Si las reformas alteran ese equilibrio político a favor de los grupos más ricos, las reformas económicas fracasarán ya que pierden toda legitimidad social.
Es entonces, cuando algunos se lanzan a la Revolución. Albert Camus (Nobel Literatura 1957) llegó a escribir: "Toda idea falsa acaba con sangre, pero se trata siempre de la sangre de los demás. Esto explica que algunos de nuestrso pensadores se sientan libres de decir cualquier cosa" (cita aquí). Veamos entonces en qué consiste una revolución.


Fragmento titulado "La Revolución" correspondiente al libro “La vida para principiantes. Un diccionario intemporal” del escritor polaco Slawomir Mrozek.

En mi habitación la cama estaba aquí, el armario allá y en medio la mesa. 
Hasta que esto me aburrió. Puse entonces la cama allá y el armario aquí. 
Durante un tiempo me sentí animado por la novedad. Pero el aburrimiento acabó por volver.
Llegué a la conclusión de que el origen del aburrimiento era la mesa, o mejor dicho, su situación central e inmutable.
Trasladé la mesa allá y la cama en medio. El resultado fue inconformista.
La novedad volvió a animarme, y mientras duró me conformé con la incomodidad inconformista que había causado. Pues sucedió que no podía dormir con la cara vuelta a la pared, lo que siempre había sido mi posición preferida.
Pero al cabo de cierto tiempo la novedad dejó de ser tal y no quedó más que la incomodidad. Así que puse la cama aquí y el armario en medio.
Esta vez el cambio fue radical. Ya que un armario en medio de una habitación es más que inconformista. Es vanguardista.
Pero al cabo de cierto tiempo… Ah, si no fuera por ese “cierto tiempo”. Para ser breve, el armario en medio también dejó de parecerme algo nuevo y extraordinario. Era necesario llevar a cabo una ruptura, tomar una decisión terminante. Si dentro de unos límites determinados no es posible ningún cambio verdadero, entonces hay que traspasar dichos límites. Cuando el inconformismo no es suficiente, cuando la vanguardia es ineficaz, hay que hacer una revolución.
Decidí dormir en el armario. Cualquiera que haya intentado dormir en un armario, de pie, sabrá que semejante incomodidad no permite dormir en absoluto, por no hablar de la hinchazón de pies y de los dolores de columna.
Sí, ésa era la decisión correcta. Un éxito, una victoria total. Ya que esta vez “cierto tiempo” también se mostró impotente. Al cabo de cierto tiempo, pues, no sólo no llegué a acostumbrarme al cambio –es decir, el cambio seguía siendo un cambio-, sino que, al contrario, cada vez era más consciente de ese cambio, pues el dolor aumentaba a medida que pasaba el tiempo.
De modo que todo habría ido perfectamente a no ser por mi capacidad de resistencia física, que resultó tener sus límites. Una noche no aguanté más. Salí del armario y me metí en la cama.
Dormí tres días y tres noches de un tirón. Después puse el armario junto a la pared y la mesa en medio, porque el armario en medio me molestaba.
Ahora la cama está de nuevo aquí, el armario allá y la mesa en medio. Y cuando me consume el aburrimiento, recuerdo los tiempos en que fui revolucionario. 

II
Diálogo de la película "Los Profesionales", dirigida en 1966 por Richard Brooks. Nos encontramos en una de las escenas finales protagonizada por Burt Lancaster (BL) (Dolworth) y Jack Palance (JP) (Raza). La escena se puede encontrar aquí.

JP (Jack Palance): Supongo que sabes que uno de los dos ha de morir.
BL (Burt Lancaster): Es posible que los dos.
JP: Morir por dinero es una estupidez.
BL: Y morir por una mujer más aún. Sea la mujer que sea. Incluso ella.
JP: ¿Cuánto tiempo vas a retenermos?
BL: Un par de horas y lo que pase aquí ya no importará. Ella volverá a ser la señora Grant.
JP: Pero eso no cambiará nada. Lo que importa es que ella es mi mujer, antes, ahora y siempre.
BL: Nada es para siempre, excepto la muerte. Pregúntale a Fierro, a Francisco... a todos aquellos del cementerio de los hombres sin nombre.
JP: Todos ellos murieron por un ideal.
BL: ¿La revolución? (ejem...) Cuando el tiroteo termina, los muertos se entierran y los políticos entran en acción. Y el resultado es siempre igual: una causa perdida.
JP: Así que tu quieres la perfección o nada. Ah... eres demasiado romántico, amigo. La revolución es como la más bella historia de amor. Al principio ella es una diosa, una causa pura. Pero todos los amores tienen un terrible enemigo. 
BL: El tiempo!
JP: Tú la ves tal como es.
JP: La revolución no es una diosa sino una mujerzuela. Nunca ha sido pura, ni virtuosa, ni perfecta. Así que huimos y encontramos otro amor, otra causa, pero solo son asuntos mezquinos. Lujuria pero no amor, pasión pero sin compasión. Y sin un amor, sin una causa, no somos nada (pausa...). Nos quedamos porque tenemos fe. Nos marchamos porque nos desengañamos. Volvemos porque nos sentimos perdidos. Morimos porque es inevitable.

III
 Diálogo de la película Queimada, dirigida en 1969 por Gillo Pontecorvo. El genial Marlon Brando interpreta el papel de sir William Walker, un agente inglés en un país imaginario que está intentando obtener su independencia de Portugal. Enlace aquí.

Sir WILLIAM WALKER (Marlon Brando): Señores, permítanme ponerles un ejemplo. Un ejemplo quizá un poco inconveniente, pero acertado a mi modo de ver. ¿Qué prefieren ustedes? O mejor dicho, qué creen que les conviene más: sus esposas o una de esas muchachas mulatas. No, no. No me interpreten mal, hablo desde un punto de vista económico, o sea del coste del producto. Digamos del rendimiento del producto, producto que en este caso es el amor: el amor físico, naturalmente. Los sentimientos no forman parte de la economía, ¿verdad?
Sigamos. A una esposa es preciso darle una casa, comida, vestido, medicinas cuando está enferma, etc., etc., etc. A una esposa hay que mantenerla toda la vida, incluso cuando envejece y resulta improductiva. Y si uno vive más que ella tiene que pagar también el entierro. No, no se rían ustedes. En cambio, un devaneo circunstancial obliga a muy poca cosa. Con una prostituta los costes disminuyen porque no hay necesidad de darle una casa, curarla, vestirla, alimentarla ni mucho menos enterrarla. Una prostituta se tiene únicamente cuando se la necesita y se la paga por su servicio. Y se la paga por lo que hace por horas.
Pues bien señores, por la misma razón: ¿qué es más conveniente un esclavo o un obrero asalariado? A ustedes qué les conviene más: la dominación portuguesa -con sus leyes, sus impuestos y su monopolio comercial- o bien, la independencia con un gobierno, un ejército y una administración propias y la libertad de comerciar con quienes quieran, obedeciendo solo a las reglas y los precios del mercado internacional.
TEDDY SÁNCHEZ (Renato Salvatori): No es únicamente la libertad de comercio, sir William. Yo creo que para muchos de nosotros hay razones de ideales que son aún más importantes. Nosotros somos ya una nación. Una pequeña nación, nacida aquí, formada con fátigas, con dificultad durante más de tres siglos. Una nación que es oriunda de Portugal, pero que hoy ya no es Portugal. Y no quiere, no puede seguir siendo una colonia portuguesa.
General ALONSO PRADA (Thomas Lyons): Eso es cierto y muy justo, querido Teddy. Respecto a nuestros ideales, todos estamos de acuerdo. Pero ese argumento de las mujeres... no acaba de convencerme, sir William, porque falta una hipótesis. ¿Y si el negro en el momento en que haya dejado de ser esclavo, en vez de convertirse en obrero, quiere erigirse en amo?
Sir WILLIAM WALKER (Marlon Brando): Eso es lo que sucederá si continuamos discutiendo. Hace cuatro meses, José Dolores estaba en Sierra Madre con unas docenas de hombres. Ahora ya son millares y no se limitan a defenderse, sino que atacan y se extienden por el llano. Esta es la situación. Si no intervienen ustedes enseguida, si no se aprovechan de la revuelta y aciertan a encauzarla se verán arrollados. Sus antiguos esclavos no se convertirán en obreros de ustedes, ni tampoco en sus amos, sr. Prada. Se convertirán en sus carniceros. ¿Cuál es mi interés en toda esta cuestión? ¿Quién soy yo? Un oficial de SM Británica. Un agente inglés si lo prefieren así. Inglaterra persigue lo mismo que ustedes: la libertad de comercio y a la vez el fin de la dominación extranjera en la América Latina. Pero lo que no quieres Inglaterra, que es en realidad lo que tampoco quieren ustedes, son las revoluciones llevadas a sus más extremas consecuencias. Las aventuras de los insurrectos, como José Dolores, son buenas para empezar, para romper una situación, pero luego se vuelven peligrosas como en Antilla...
(murmullos de fondo... sí es verdad, podría tener malas consecuencias. Hemos de ser precavidos)
Sir WILLIAM WALKER (Marlon Brando): Señores, como ven ustedes yo creo que nuestros intereses coinciden. Al menos por ahora. Y coinciden también con el progreso y la civilización. Y para quien tiene fe, esto es muy importante.
General ALONSO PRADA (Thomas Lyons): Y usted, ¿tiene fe en nosotros, sir William?
Sir WILLIAM WALKER (Marlon Brando): Sí, señor Prada.

IV
Diálogo de la película Giù la Testa (traducida al castellano como “Agáchate maldito” y en inglés como “Duck, you sucker. A fistful of dynamite”). Fue dirigida por Sergio Leone (aquí y aquí) en 1971. Esta película es la segunda de una trilogía que rodó el director italiano sobre América (la primera fue "Hasta que llegó su hora, 1968" y la última "Érase una vez en América, 1984"). Está ambientada en plena revolución mexicana (aproximadamente entre 1913 y 1914) con flashbacks sobre el conflicto irlandés y la represión británica. En este diálogo participan los actores James Coburn (JC) en el papel de John J. Mallory (un nacionalista irlandés experto en explosivos) y Rod Steiger (RS) en el papel de Juan Miranda, un bandido mexicano. Podéis comprobar el diálogo aquí (56:31 aproximadamente).

JC (James Coburn): Eh. Te has acostado sobre tu patria.
RS (Rod Steiger): Mmm. Mi patria… Mi patria somos yo y mis hijos.
JC: Sí, lo sé. Pero tu patria es también Huerta, el gobernador, los latifundistas, Günther Reza (mercenario alemán) con su caballería. Esta revolución que no es ninguna broma.
RD: La revolución, la revolución. Hazme el favor de no hablarme más de revoluciones. Yo sé muy bien lo que es eso y como empieza. Llega un tío que sabe leer libros y van a donde están los que no saben leer libros, que son los pobres, y les dice: “ha llegado el momento de cambiar todo”.
JC: Sh.
RD: Sh, Sh, sh !
RD: Narices sé muy bien lo que digo que me he criado en medio de revoluciones. Los que leen libros les dicen a los que no saben leer libros – que son los pobres-: “aquí hay que hacer un cambio”. Y los pobres diablos van y hacen el cambio. Luego los más vivos (listos) de los que leen libros se sientan alrededor de una mesa y hablan, hablan y comen. Hablan y comen. Y mientras qué fue de los pobres diablos. Todos muertos. Esa es tu revolución... (Silencio). Por favor, no me hables más de revoluciones. (Silencio). Puerca mentira. Sabes qué pasa luego… nada. Mmm.
JC: (No dice nada. Arroja al suelo el libro que estaba leyendo "El Patriotismo" escrito por Bakunin). 

V
Diálogo de la película “Mátalos suavemente” (2012) entre Richard Jenkins (el conductor) y Brad Pitt (Jackie Cogan). De fondo un discurso de Obama y su famoso “Yes, we can” en las elecciones presidenciales de 2008 y el desastre ocasionado por el huracán Katrina en 2005 en Nueva Orleans.
 

Obama en la TV: … de reivindicar el sueño americano y reafirmar esa verdad fundamental que “entre muchos somos uno”.
RJ (Richard Jenkins): Has oído eso. Va por ti.
BP (Brad Pitt): No me hagas reír. "Somos un pueblo", es un mito creado por Thomas Jefferson.
RJ: Oh. Ahora vas a hablarme de Jefferson.
BP: Amigo mío, Jefferson es un santo norteamericano. Escribió la frase: “Todos los hombres fueron creados iguales”. Que él no se creía, pues permitió que sus hijos vivieran como esclavos. Era un snob harto de pagar impuestos a los británicos. Sí, escribió unas bellas palabras y agitó a la plebe que luchó y murió por ellas. Mientras él se recostaba, se bebía su vino y se follaba a su esclava. Este tío (Obama) quiere que creamos que vivimos en una comunidad. No me hagas reír. Yo vivo en América (EEUU). Y en América estás solo. América no es un país. Sólo es un negocio. Así que paga, ...

EPÍLOGO

"Yo (Erasmo) amo la libertad y no quiero ni podré jamás servir a un partido". (p. 167)
(...) Intenté enterarme de si Erasmo de Rotterdam era de aquel partido pero cierto comerciante me contestó: "Erasmus est homo pro se" (Erasmo sólo responde de sí mismo). Epistolae obscurorum virorum, 1515.