sábado, 17 de septiembre de 2016

¿Por qué se rindió Japón el 15 de agosto de 1945?

Original The Economist
Aunque la guerra ya había finalizado en Europa debido a la rendición alemana el 8 de mayo, la II Guerra Mundial no finalizó hasta que Japón se rindió incondicionalmente el 15 de agosto de 1945. ¿Por qué se rindió Japón? Aparentemente todo apunta al lanzamiento de las bombas atómicas. Los hechos son sobradamente conocidos. El 6 de agosto de 1945 el avión estadounidense Enola Gay lanzó la primera bomba atómica (Little Boy, basada en uranio) sobre Hiroshima. Los efectos fueron devastadores: murieron más de 80.000 personas y más del 80% de los edificios fueron destruidos o quedaron severamente dañados. Posteriormente fallecerían entre 90.000 y 166.000 debido a las heridas sufridas en la explosión y a los efectos de la radiación. Tres días después, el 9 de agosto, se lanzó una segunda bomba (Fat Man, basada en plutonio) sobre Nagasaki causando de forma inmediata más de 40,000 muertes.


Estas cifras no están demasiado alejadas de las causadas por los bombardeos que se produjeron el 9 marzo de 1945 contra Tokio. Ese día más de 330 aviones B-29 equipados con bombas incendiarias (napalm) realizaron el que está considerado como el ataque no-nuclear más mortal de toda la historia: más de 100,000 civiles murieron en una sola noche. Tan devastadores fueron los bombardeos que los canales llegaron a hervir, los metales se fundieron y miles de cuerpos se carbonizaron entre las casas de madera y bambú. En definitiva, más de 100 ciudades japonesas sin valor estratégico alguno fueron destruidas produciendo más de 500,000 víctimas. 

En definitiva, la polémica estaba servida ya que muchos consideraban que era innecesario lanzar la bomba atómica ya que Japón estaba derrotada desde finales de 1944 y su rendición era cuestión de tiempo. Una opinión generalizada era que una invasión norteamericana tendría un alto coste en vidas humanas. El 18 de junio de 1945 el general Marshall le comentó al presidente Truman que no esperaba más 31,000 bajas (detalles aquí). Entre abril y junio de 1945 durante la batalla de Okinawa (única batalla acontecida en suelo japonés durante la II GM) murieron más de 12,000 soldados norteamericanos y más de 36,000 resultaron heridos; por parte japonesa murieron más de 250,000 personas en tres meses: más de 100,000 personas eran civiles. La actitud suicida de los japoneses llegó a producir más de 1,900 ataques de pilotos kamikazes que hundieron 30 naves y dañaron más de 350. 

Los principales generales norteamericanos no estaban convencidos del lanzamiento de la bomba atómica. Arnold, King, Leahy, Nimitz, MacArthur (máxima autoridad militar en el Pacífico) y Eisenhower (máxima autoridad en Europa) expresaron su disconformidad. El posterior presidente de Estados Unidos (1953-1961) manifestó en 1963: “... los japoneses estaban listos para rendirse y no fue necesario golpearlos con esa cosa horrible” (Newsweek “Ike on Ike” de 11 de noviembre). MacArthur afirmó que los japoneses se habrían rendido en mayo si EEUU hubiese dado plenas garantías de que podían conservar a su emperador. La figura del emperador Hirohito es clave para entender la cultura japonesa, quien no solo era su emperador sino una figura sagrada y jefe de la religión sintoísta. Humillar al emperador en unos juicios por crímenes de guerra podría ser equivalente a la crucifixión de Cristo para la cultura occidental cristiana. 

The Economist
Existe otro aspecto que no debemos olvidar y que probablemente sea la cuestión clave de todo el asunto. Tal como acordaron en Yalta (febrero 1945) Roosevelt, Stalin y Churchill, el 9 de Agosto el Ejército Rojo atacó por tres frentes a las tropas japonesas: Corea a través del estado títere de Manchuria, las islas Kuriles y la isla de Sajalín. Como era previsible la derrota japonesa fue brutal y vengó la estrepitosa derrota rusa en 1904-05. Es más, la URSS tenía proyectado atacar y tomar la isla de Hokkaido lo cual hubiera socavado los cimientos de la nación japonesa. La situación de Japón se volvió dramática. Antes de Hiroshima, Japón intentó incluso pactar con los soviéticos pero Stalin no estaba interesado ya que podría hacerse con nuevos territorios y ventajas adicionales. 

En resumidas cuentas, lo que realmente provocó la rendición japonesa fue la invasión soviética y la bomba atómica solo fue un pretexto. Por su parte, EEUU lanzó la bomba atómica para afrontar en mejores condiciones lo que venía después: la Guerra Fría (más detalles aquí, aquí y aquí).

Otra cuestión que en los últimos tiempos está despertando bastante interés entre los historiadores es la asunción de las atrocidades cometidas por las tropas japonesas. Como se puede apreciar en el gráfico para una gran mayoría de coreanos, chinos, filipinos, indonesios, malayos e incluso australianos los japoneses no han pedido suficiente perdón por los crímenes de guerra (suficientemente explícitas y detalladas son las atrocidades realizadas en Nankín) cometidos durante la II Guerra Mundial. Laurence Rees en su libro Los verdugos y las víctimas recoge numerosas entrevistas con personas que sufrieron pero que también practicaron atrocidades: por ejemplo, el japonés Hajime Kondo que asesinó a sangre fría prisioneros; o Ken Yuasa, quien llevó a cabo experimentos médicos con prisioneros en Corea (cuando la bomba atómica cayó en Hiroshima había cerca de 45,000 trabajadores coreanos esclavizados) durante los cuales sus víctimas murieron de dolor. Como también se puede observar en el gráfico, desde Tokio las cosas no se ven iguales. Buruma (El precio de la culpa, p. 191) señala que “Para los japoneses, los crímenes contra la humanidad no se asocian con un equivalente del Holocausto, sino con los excesos militares que ocurren en cualquier guerra. Además, teniendo en cuenta el horror de Hiroshima y Nagasaki, a los japoneses les resultaba más fácil, en el caso de los crímenes de guerra, darse la vuelta y decir: Vosotros también.” 

Sobre esta cuestión, excelente el especial de The Economist y la reflexión en Brookings.