domingo, 6 de septiembre de 2015

Carlos V: el emperador que no supo ser rey

Hombre yelmo dorado (Rembrandt). Picasso 1969
Año 2092. Se celebra el 600 aniversario del descubrimiento de América por parte de Portugal. Dicho acontecimiento propició que el portugués sea actualmente la lengua más utilizada de la humanidad. No fue un camino sencillo. La aventura americana se financió recurriendo a préstamos exteriores procedentes de Juan de Aragón, rey de Castilla y Aragón, y en menor medida de Enrique VIII de Inglaterra. En décadas posteriores, la rivalidad entre Portugal (apoyada por Castilla, Aragón e Inglaterra) y Francia (apoyada por la Santa Sede) propiciaron innumerables guerras en el Atlántico, en el Mediterráneo y en la propia Europa. Además el control portugués de todas las vías marítimas –a través de África y América- que llevaban a China e India no ayudó, más bien al contrario, a que las tensiones disminuyeran. El emperador del Sacro Imperio y monarca de los Países Bajos, Felipe el Hermoso, rivalizó tanto con los futuros Estados Ibéricos (la unión de Portugal, Castilla y Aragón con capital en Lisboa se produjo tras el fallecimiento de Sebastián I) y su perenne aliado Inglaterra como con Francia. La alianza entre Francia y el Papado provocó que la reforma protestante prendiera en los estados alemanes y en la península Ibérica. Además esta alianza acercó los intereses de Portugal y el Imperio Otomano para socavar la influencia de Francia en el Mediterráneo… Así pudo haber sido la historia, sin embargo…


Carlos V el hombre más afortunado de su tiempo (y tal vez el más triste)

En 1497, Juan de Aragón, el único hijo varón de Isabel I de Castilla (Isabel I) y Fernando II de Aragón (Fernando V; exposición aquí) y por tanto heredero de los reinos castellano y aragonés fallece. Un año después, su hija mayor, Isabel reina de consorte de Portugal también fallece. La sucesión pasa a su hija Juana (video aquí) casada con Felipe de Habsburgo. No paran aquí los infortunios. La reina Isabel I fallece en 1504, firmándose un año después la Concordia de Salamanca que establece el gobierno conjunto entre, por una parte, Juana y su esposo Felipe (hijo del emperador del Sacro Imperio, Maximiliano, y de María de Borgoña) y, por otra parte, Fernando II de Aragón. Dadas las profundas desavenencias entre Felipe y Fernando, éste último decide regresar a Aragón. Al mismo tiempo, ante la inestable salud mental de Juana I, Felipe de Habsburgo (Felipe I) se convierte de facto en el rey de Castilla. La breve e incluso artificial unión entre las coronas de Castilla y Aragón pendía de un hilo.

Original aquí
Recordemos que la Península Ibérica (la Hispania Romana) mantuvo durante el siglo XV un equilibrio muy inestable (video aquí) entre los tres grandes reinos: Portugal, Castilla y Aragón (la dimensión política y demográfica de los reinos de Navarra y Granada era muchísimo menor). Las guerras civiles en Castilla no son ajenas a los intereses portugueses y aragoneses y no es una cuestión que resulte fácil de explicar. Muy brevemente. A finales del siglo XIV las continuas tensiones entre castellanos y portugueses culminaron con la derrota de Juan I de Castilla (al frente de la dinastía castellana de los Trastámara, una rama menor de la casa real de Borgoña) en Aljubarrota (1385) y paralelamente con la entronización de la Casa de Avís en Portugal. En 1412 gracias al Compromiso de Caspe, la casa castellana de los Trastámara pasó a reinar Aragón: Fernando I de Aragón -antiguo regente del reino de Castilla- se convierte en su primer rey. Fernando I se casó con su tía Leonor Urraca de Castilla con quien tuvo siete hijos, los denominados infantes de Aragón. En 1445 se produjo la batalla de Olmedo que enfrentó a los partidarios de Juan II de Castilla y los infantes de Aragón (apoyados por Aragón, Navarra y algunas familias castellanas) por el poder en Castilla. El resultado mermó de forma considerable la influencia aragonesa. Entre 1465 y 1479 se produjo una nueva guerra civil castellana por la sucesión de Enrique IV en la cual los portugueses apoyaron al propio Enrique IV y a Juana La Beltraneja (video aquí), mientras que los aragoneses se decantaron por la futura Isabel. La fecha clave es 1469 con el matrimonio entre los futuros Reyes Católicos, Isabel y Fernando (por cierto, eran primos), que de consolidarse uniría las coronas castellana y aragonesa bajo la casa real de los Trastámara.

Volvamos al siglo XVI. En 1505 Fernando II de Aragón se casa con Germana de Foix propiciando la unión dinástica entre los reinos de Navarra y Aragón. Pero al mismo tiempo esto constituía una clara maniobra para que Juana y Felipe I no heredasen la Corona de Aragón. Muy probablemente un hijo entre Fernando y Germana hubiera acabado con la frágil y endeble unión entre Castilla y Aragón. En un giro dramático de los acontecimientos, el sorprendente fallecimiento de Felipe de Habsburgo en 1506 y la incapacidad de Juana para gobernar, propician el regreso de Fernando como regente de Castilla en 1507. Coadyuvado por el cardenal Cisneros, Fernando V reúne en su persona (reino de España) las coronas de Aragón, Castilla y Navarra. En cualquier caso, acuerdan que el hijo de Juana I y Felipe I –Carlos, nacido en Gante en 1500 y criado por su tía Margarita de Austria- sea el heredero de la corona española. Diez años después (1516) y sin descendencia alguna Fernando II de Aragón (también Fernando V de Castilla o Fernando el Católico) fallece. En su testamento Fernando nombró a su nieto Carlos gobernador de la corona de Castilla y Aragón en nombre de su madre (Juana I). Los regentes serían respectivamente el Cardenal Cisneros y Alonso de Aragón (hijo natural de Fernando II). También le encomienda que cuide de su abuelastra (Carlos y Germana se conocieron con 17 y 29 años respectivamente, surgiendo algo más que una simple amistad: Isabel). El nuevo regente castellano, el Cardenal Cisneros, prácticamente fallece en el mismo momento que Carlos llega a tierras españolas.

Carlos V, 1519. Barend van Orley (Budapest)
Resumiendo. Carlos nace en 1500 y sus probabilidades incluso de ser rey son realmente escasas. Sin embargo, la desaparición de su abuela Isabel, la retirada de su abuelo Fernando hacia Aragón, la muerte de sus tíos, tía y primos, el fallecimiento de su padre y la locura de su madre convierten a Carlos en 1506 en el heredero de Castilla, del Imperio de los Habsburgo (Austria, convirtiéndose en uno de los elegibles al Sacro Imperio Romano Germánico) y de Borgoña (incluidas sus posesiones en los Países Bajos). La muerte de su abuelo Fernando en 1516 sin descendencia le supone la corona de Aragón y sus posesiones italianas (Nápoles y Sicilia). Por si fuera poco, Colón ha descubierto en nombre de Castilla los territorios americanos –cuya magnitud empieza a apreciarse en la primera mitad del siglo XVI- y no una nueva ruta comercial hacia Asia. Aún hay más. El emperador Maximiliano I fallece en enero de 1519. En junio de ese mismo año -gracias sobre todo al dinero proporcionado por las Cortes Castellanas- es elegido emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Es la única vez en la historia que nace un imperio de forma casual y por azar y además no obedece a ninguna voluntad (Roma, Carlomagno, Napoleón) o ideología (por ejemplo, y matizando mucho la actual Unión Europea).

Original aquí
Es de facto, una unión de estados muy diferentes bajo una misma dinastía. No es tampoco una unión federal. Bajo Carlos V se aglutinan un mosaico de estados que funcionan de forma autónoma. No existe una estructura administrativa común y ni mucho menos una política económica común (obviamente no hay mercados integrados y cada territorio tiene sus propios aranceles). Su único nexo de unión es que forman parte de los intereses familiares de los Habsburgo y tendrán una política exterior común. En otras palabras, si hay conflictos bélicos puntuales y/o guerras cada uno de los estados deberá contribuir con soldados y dinero.

Residencia Imperial en La Alhambra, 1527
Carlos V tuvo que recurrir a préstamos soberanos procedentes de otras naciones –básicamente de Portugal y de Enrique VIII de Inglaterra (sus problemas extramatrimoniales en la década de 1530 y su posterior ruptura con la iglesia de Roma, también le supusieron ingresos adicionales al controlar todas las propiedades eclesiásticas), a prestamistas privados (las familias alemanas Fugger -más aquí- y Welser) y obviamente a sus propios estados vía recaudación de impuestos ¿Quién era el estado más rico? En principio, Castilla (aunque muy probablemente los Países Bajos estuvieran a la par e incluso por encima dependiendo de la coyuntura económica del momento). De hecho, gran parte de los recursos para ser elegido emperador y para sufragar el nuevo estatus quo en Europa sale de Castilla. Sin embargo, Castilla no tiene hombres ni recursos suficientes para dominar semejante mosaico de países con apenas 4-5 millones de habitantes. La riqueza de Castilla se apoya en el norte peninsular en el eje Valladolid-Burgos (amén de otras ciudades castellanas como Salamanca y Segovia) con su importante comercio lanero con Europa vía Santander (parte de la provincia burgalesa) o Bilbao (siempre deseosa de competir con el puerto cántabro y asociada comercialmente a Castilla). El importante desarrollo de la ganadería castellana (Mesta) tiene su corolario en el desarrollo institucional del Consulado de Burgos. Desde Burgos se exportan lanas hacia Flandes (y más desde que Inglaterra dejó de exportar su lana) y se desarrolla una importante actividad financiera de seguros marítimos. El complemento económico lo ponían las ferias de Medina de Campo (Valladolid) que centralizaban el comercio de manufacturas y commodities con el resto de las ciudades europeas. Los metales preciosos (oro y plata) procedentes de las minas americanas y los instrumentos financieros de pago y/o crédito (letras de cambio) seguían el mismo eje –Ferias de Castilla y puertos cántabros y vascos- con destino Amberes, desde donde la Monarquía Hispánica pagaba sus deudas y al mismo tiempo se producía un efecto redistribuidor hacia el resto de las plazas financieras europeas. Además se utilizaron con demasiada frecuencia los impuestos recaudados en Castilla y las minas de oro, plata y sal de América como avales de la deuda imperial. En suma, la asunción del liderazgo por parte castellana va a constituir el principio del fin de su influencia en la economía política de los Habsburgo y de la Monarquía Hispánica (el declive castellano está asociado con la revuelta de los Comuneros que socava el poder económico de las ciudades castellanas, con el monopolio comercial de Sevilla con América y con los problemas en los Países Bajos).

Otro problema muy serio de los Habsburgo es que carecían de una flota para controlar y hacer frente a todos los desafíos geopolíticos. Castilla no tenía una flota adecuada, de hecho el descubrimiento de América también ha sido casual (y no me estoy refiriendo al papel desempeñado por Colón). Ese descubrimiento le debería haber correspondido a Portugal que es la gran potencia marítima de la época. Este déficit naval se paliará en parte con la flota naval de Génova que gracias a Andrea Doria se pone al servicio del emperador desde 1528.

Teniendo en cuenta todos estos puntos de partida y los desafíos a los que tuvo que hacer frente Carlos V, uno entiende claramente porque a veces menos es más.

1. El auge del protestantismo y la división religiosa en los dominios de los Habsburgo

Lutero. Lucas Cranach el Viejo, c. 1532
En este punto hay que distinguir dos frentes muy distintos. Por una parte, la expansión del protestantismo y el luteranismo (véase Lutero) en la mayoría de los ducados y estados alemanes obedece en muchas ocasiones a razones económicas. De hecho, muchos príncipes alemanes se han hecho protestantes para disponer de más recursos y desafiar la autoridad imperial. Gracias a la confiscación de bienes eclesiásticos, los príncipes alemanes entran de lleno en el tablero geopolítico: los más osados pueden combatir al emperador e incluso se pueden aliar con los verdaderos enemigos del emperador, Francia y el Imperio Otomano. Por otra parte, la división religiosa de los Países Bajos es mucho más compleja de atajar y lleva aparejada un fuerte sentimiento nacionalista. Tanto el pueblo como la aristocracia quieren ser protestantes y de paso no formar parte del imperio de los Habsburgo.

2. El inestable equilibrio político en España: do hay reyes no mandan leyes

Carlos V, c. 1533. Tiziano, El Prado
Carlos I se educó en Flandes y no sabía absolutamente nada de la cultura hispana, ni tan siquiera hablaba castellano. La unión dinástica entre Castilla y Aragón -propiciada en 1479 por Isabel de Castilla y Fernando de Aragón- era muy frágil dado que apenas llevaban cuarenta años juntas y no existía una integración político-administrativa (cada uno de los dos reinos mantuvo su autonomía hasta el Tratado de Utrecht, 1713). Por lo que respecta a Castilla, Carlos V encuentra una fuerte oposición. La situación de la Reina Madre (Juana I) y pagar gran parte de la aventura imperial no se veían del todo claro. Tampoco ayudaron sus consejeros flamencos (por ejemplo, Adriano de Utrecht y sobre todo Guillermo de Croy), más bien al contrario. Así que el conflicto entre Carlos I (apoyado por la nobleza castellana) y los grupos de presión castellanos (burguesía comercial y pequeña aristocracia) no tardó en surgir. Justo al contrario de lo que hicieron los Reyes Católicos quienes se apoyaron en las ciudades y en la pequeña nobleza, para limitar el poder de la Iglesia y la aristocracia. La derrota de la elite castellana en la Guerra de las Comunidades (1520-22) condicionó de forma definitiva el devenir de Castilla. Dicho movimiento tuvo su núcleo principal en Toledo y Valladolid. Los intentos de expandir la revuelta al País Vasco y a Andalucía (en su inmensa mayoría más cercana a Carlos I) no fructificaron. Al final, se impuso la organización administrativa y jurídica de la Monarquía. Se debilitó el peso de las ciudades, de sus instituciones políticas e incluso de los principios del federalismo. La probabilidad de que la Castilla del Norte siguiera una trayectoria parecida a otros territorios europeos asentados en grupos de poder que limitaran la Monarquía desapareció por completo (por ejemplo, un régimen de corte más parlamentarista a semejanza de lo que harían en un futuro Holanda e Inglaterra). La influencia y la capacidad de negociación de las Cortes castellanas disminuyeron progresivamente hasta caer en el olvido. Valladolid capital administrativa de facto hasta 1560, contempló como el futuro Felipe II trasladó la capital de España a Madrid en 1561 (con una breve interrupción en 1601-06 que volvió a la capital vallisoletana) y como la capital comercial se ubicó en Sevilla. No le fueron mejor las cosas a la Corona de Aragón. Al igual que otras posesiones de los Habsburgo conservó sus fueros y Cortes manteniendo intactos su administración, sistema de aduanas y régimen fiscal. Entre 1530 y 1560 los intereses económicos de Barcelona estaban ligados a las ferias de Castilla donde se intercambiaban paños y otras mercancías autóctonas -con destino hacia América- por trigo. Con la rebelión en Flandes y el monopolio de Sevilla en el comercio americano (en palabras de Vilar el Principado Catalán estuvo “marginado de toda política grande”), los Habsburgo van a apostar por Génova en detrimento de Barcelona.

Otro guiño al destino. En 1526 Carlos V se casó con Isabel de Portugal, perteneciente a la dinastía Asís la cual reinaba en el país luso. Este hecho sería muy importante cuando el 4 de agosto de 1578 muriera en la batalla de Alcazarquivir el rey portugués Sebastián I sin descendencia.

3. El gran enemigo exterior: Francia

Prendimiento del rey de Francia. Juan de la Corte
Históricamente la corona de Aragón y Francia rivalizaban por tener una mayor influencia en el Mediterráneo. La coronación de Carlos V como emperador posibilita que la unión de estados que forman parte de los Habsburgo rodee geográficamente a Francia (el país más extenso y más densamente poblado de la época). De ahí que la monarquía francesa se alíe con el Imperio Otomano (a pesar de las diferencias religiosas) y anhele, desde finales del siglo XV y la primera parte del siglo XVI, la conquista de las ciudades italianas del norte. No lo conseguirá. La derrota y posterior captura por arcabuceros vascos del rey francés Francisco I en Pavía (1525) supuso una evidente humillación para los intereses de la monarquía francesa. Otra obsesión francesa será impedir a medio y largo plazo la existencia de un único estado alemán fuerte en Europa Central. En esta empresa tendrá mucho más éxito, con la ratificación del tratado de Westfalia (1648) y una exitosa política exterior llegará a retrasar la unificación de Alemania hasta 1870.

4. El Sacro Imperio Germánico y su frontera con el Imperio Otomano

Asedio de Viena (1529). Pieter Snayers
El fallecimiento en 1519 del emperador Maximiliano I dejó vacante la corona del Sacro Imperio Romano Germánico, a la cual aspiraban su nieto Carlos I y el rey francés Francisco I. La elección de un nuevo emperador se realizaba a través de una votación en la que participaban los siguientes electores: los arzobispos de Colonia, Maguncia y Tréveris, y los príncipes de Bohemia, Sajonia, Brandeburgo y el Palatinado. Entre las maniobras previas de Maximiliano, el dinero de los Fugger y el dinero procedente de las Cortes de Castilla, Carlos fue elegido emperador y se encontró con un nuevo enemigo.

La amenaza constante del Imperio Otomano (representados en la figura de Solimán el Magnífico) constituyó un auténtico quebradero de cabeza: los turcos llegaron a las puertas de Viena en 1529 y lo intentaron nuevamente en 1532, realizaron numerosas incursiones sobre las costas italianas y con sus aliados -los corsarios de África del Norte y los franceses- atacaron con relativa frecuencia las costas españolas.

5. El irredentismo

Aquí los focos son innumerables: Castilla (apoyada en las ciudades castellanas y algunos nobles castellanos), Aragón (y dentro de la corona aragonesa, el reino de Aragón, el reino de Valencia, el reino de Mallorca y el Principado de Cataluña), Borgoña, los Países Bajos, los principados y ducados alemanes (alentados por el luteranismo) y las ciudades italianas. Dado que es imposible hacer frente a todo esto militarmente, Carlos V no tendrá otra alternativa que “comprar” la paz.

6. América

No había recursos suficientes para afrontar el desafío americano. América fue conquistada e integrada en el imperio de los Habsburgo de forma individual, no gracias a un plan global. En cualquier caso, se establecieron virreyes como representantes personales de los Habsburgo; un consejo de Indias con competencias administrativas, judiciales y religiosas; tropas (escasas) para mantener el orden; y sobre todo una marina para encargarse del tránsito hacia la península y especialmente del traslado del oro y de la plata. Los beneficios derivados del comercio con América recayeron fundamentalmente en Sevilla y en Madrid (a partir de la segunda mitad del siglo XVI) y fueron gestionados desde Génova. El monopolio del comercio con América correspondía a la Casa de Contratación de Indias, ubicada en Sevilla entre 1503 y 1717 y en Cádiz entre 1717 y 1790, fecha de su extinción. En 1529 el emperador intentó muy tímidamente terminar con el monopolio comercial permitiendo que nueve puertos se abrieran al comercio americano (de este a oeste): San Sebastián, Bilbao, Laredo, Avilés, La Coruña y Bayona, en el norte; Cartagena, Málaga y Cádiz, en el sur. Sin embargo, ninguna de estas ciudades hizo uso de esta prerrogativa porque los barcos debían retornar obligatoriamente al puerto de Sevilla. El comercio con América era prácticamente un “business sevillano”.

7. Entre el cinismo y la hipocresía: Roma y el Papado

Saco de Roma. Amérigo y Aparici, c. 1887. Museo Balaguer
Aunque resulte paradójico la Santa Sede siempre estuvo “encantada” con los ataques franceses y turcos que debilitaban al Imperio de los Habsburgo. El Papado siempre abogó por la independencia de los Estados Pontificios (eso sí, a la hora de combatir con el Imperio Otomano no existía el más mínimo inconveniente en solicitar la ayuda de Carlos V). Tal vez por eso, en 1527 las tropas imperiales –compuesta por soldados españoles, alemanes, flamencos e italianos- infringieron una severísima derrota a la coalición formada por Francia, Milán, Venecia, Florencia y el Papado. El Papa Clemente VII escapó milagrosamente (tuvo que pagar un fuerte rescate a cambio de su vida), mientras se procedía a la ejecución de los defensores, se destruían iglesias, monasterios y palacios y se incautaron todo tipo de objetos de valor (joyas y obras de arte básicamente) (más detalles sobre el saqueo de Roma aquí). Desde entonces Clemente VII estuvo mucho más comedido y concedió al emperador el derecho a nombrar a los obispos en sus territorios.

La abdicación de Carlos V

Carlos V en Mühlberg 1547. Tiziano, El Prado
Si sorprendente fue su acceso al poder, más sorprendente resultó su abandono del poder. En 1556, cincuenta años después de que fuese coronado rey de Castilla, Carlos V abdicó y dividió el Imperio de los Habsburgo entre su hijo, futuro Felipe II (1527-98), y su hermano, el futuro emperador Fernando I (1503-1564). Dado que no volvió a casarse tras el fallecimiento de su mujer Isabel de Portugal en 1539 (esto no fue óbice para que tuviera varios hijos ilegítimos como Juan de Austria), se retiró de toda actividad política al monasterio de Yuste (Cáceres) donde permaneció hasta su muerte en 1558.

Con su abdicación evitó una explosión descontrolada del Imperio (tal como, por ejemplo, sucedió con la URSS y sus países satélites en 1991), al mismo tiempo que buscaba un equilibrio entre las potencias y mantener la presión sobre Francia. Carlos V era plenamente consciente de que mantener todas las posesiones de los Habsburgo bajo una misma persona era insostenible a largo plazo. Razones de tipo estratégico (la enemistad notoria con Francia y el Imperio Otomano, pero también la rivalidad que podía surgir con Inglaterra, Portugal e incluso con una incipiente Suecia), administrativas (configuración política de cada estado), culturales (religiosas) y sobre todo económicas debieron pensar sobre la decisión de Carlos V.

Fernando I. Bocksberger
En definitiva, a su hermano Fernando le donó las tierras de los Habsburgo de Austria, ayudándole posteriormente a ampliar sus propiedades por medio de las Coronas de Hungría y Bohemia. Asimismo contribuyó decisivamente a su elección como Rey de los Romanos. Por cierto, curiosa paradoja del destino. Juana I y Felipe de Habsburgo tuvieron dos hijos varones. El hijo mayor (Carlos) criado en Flandes acabó siendo rey de España. El hijo menor Fernando nació en Alcalá, fue criado en Castilla, era incluso el favorito de Fernando el Católico y acabó siendo emperador del Sacro Imperio Germánico Romano. Durante el reinado de Carlos V, Fernando de Habsburgo casi siempre asesoró y defendió los intereses de su hermano en los problemas alemanes. Rey de Bohemia y Hungría desde 1527 (gracias a los derechos contraídos al casarse con Ana de Bohemia y Hungría) tuvo que hacer frente a los continuos ataques del Imperio Otomano que incluso le llevaron a firmar una tregua nada favorable en 1545 a cambio del pago anual de impuestos al sultán.

Para su hijo Felipe V destinó la Monarquía Hispánica (Castilla, Aragón y los territorios americanos), los Países Bajos y los territorios italianos, lo que le permitiría tener a Francia en una tenaza incluso sin la ayuda y el apoyo de los Habsburgo de Austria.

Para los estados alemanes y gracias a la inestimable ayuda de Fernando de Habsburgo consiguió la Paz de Augsburgo (1555) bajo el principio Cujus regio, ejes religio: la religión del príncipe -protestante o católica- determinaría la religión de sus súbditos.

Un balance muy personal

En mi opinión, Carlos V fue un excelente gestor del patrimonio de la familia de los Habsburgo. Mi opinión como gobernante no es en absoluto la misma. Más bien al contrario. Jamás se preocupó por articular administrativamente los distintos territorios. Si yo hubiera sido súbdito castellano me sentiría expoliado y menospreciado; si hubiera sido aragonés, ignorado o marginado; si hubiera sido flamenco u holandés, incomprendido; si hubiera sido alemán, tendría la sensación de que la política aplicada fue errónea. Dejó además en herencia dos problemas muy complejos para la Monarquía Hispánica: (i) la Contrarreforma impulsada desde Trento (1545-63) cercenó el movimiento erasmista español (por ejemplo, Luis Vives) y potenció el papel de la Inquisición; (ii) la herencia imperial dejó tal déficit acumulado motivado por la política exterior que descuidó completamente la articulación política y administrativa de Castilla y Aragón.

Para saber más:

Carlos V. El César y el hombre de Manuel Fernández Álvarez
Carlos V. Un hombre para Europa de Manuel Fernández Álvarez
Carlos V y sus banqueros de Ramón Carande
Cataluña en la España Moderna de Pierre Vilar
El alma de las naciones de Alain Minc
Institutions and the Resource Curse in Early Modern Spain de Mauricio Drelichman & Hans-Joachim Voth. Institutions and Economic Performance editado por E. Helpman
Los Trastámaras: el triunfo de una dinastía bastarda de Julio Valdeón
Marte contra Minerva. El precio del Imperio de Bartolomé Yun
Pequeño capitalismo, gran capitalismo: Simón Ruíz y sus negocios en Florencia de Felipe Ruiz Martín

Material audiovisual:

Carlos V, 1500-58 (más detalles aquí) (sección ficción aquí)
Reyes Católicos (Isabel, Juana la Loca, Juana la Beltraneja, serie ficción aquí)