viernes, 14 de octubre de 2016

Parábola de Hume

Original aquí
La Parábola de Hume (1711-1776) describe el fracaso de la acción colectiva en el siguiente texto:

“Tu maíz está maduro, el mío lo estará mañana. Sería beneficioso para ambos que yo trabajara contigo hoy, y que tú me ayudaras mañana. No te tengo cariño y sé que tú tampoco lo tienes por mí. Podría entonces esforzarme, no para tu beneficio, sino para el mío propio con la expectativa de un retorno. Pero sé que seré decepcionado y que dependería en vano de tu gratitud. Entonces yo te dejo trabajar sólo y tú me tratas de la misma manera. Pasan las estaciones y ambos continuamos perdiendo nuestras cosechas por falta de confianza y seguridad mutua.” David Hume. A Treatise of Human Nature, 1739. [Book III (of Morals), part II (of Justice and Injustice), section 5 (of the Obligation of Promises)]


¿Qué es la acción colectiva? Mancur Olson (1932-1998) señala que los grupos pequeños con grandes intereses individuales se organizan y obtienen beneficios a expensas de un gran número de actores desorganizados con pequeños intereses individuales. Esto se conoce como la “Lógica de la Acción Colectiva”.


En este contexto puede surgir una persona que percibe un beneficio por utilizar un servicio o un bien, pero que va a tratar por todos los medios de no pagar (Free Rider). Imaginad la situación siguiente. Todos pagamos el autobús urbano o el metro, sin embargo dado que la vigilancia es escasa pueden existir personas que decidan no pagar (free riders o gorrones). Estos “gorrones” obtienen un beneficio y un resultado eficiente que por si solo no afectará al transporte público. Sin embargo, si esta actitud se extiende y se mantiene en el tiempo conllevará un deterioro del transporte público (aumento de su precio o desaparición).

Para Douglas North (Premio Nobel de Economía en 1993) se desarrollan aquellos países que han logrado producir a tiempo los cambios institucionales capaces de incentivar normas y reglas bien definidas e imparciales. Estos cambios explicarían el cambio tecnológico y de la innovación. Para Olson los grandes grupos sólo pueden existir si los beneficios de su participación son mayores que los costes individuales de esa participación en el grupo. Así explica porque son tan inestables los grandes grupos y porque es tan difícil la acción colectiva. North argumenta que la mayoría de los hechos que favorecen el desarrollo social no pueden explicarse a través de la maximización individual de los beneficios. Preguntas: ¿Por qué hay grandes grupos que no se rebelan contra leyes o normas que perciben injustas? ¿Cómo existen grandes grupos que respetan las normas a pesar de que se producen costes que van en contra de sus propios intereses?

Supongamos que se utilizan las matemáticas para complementar la vieja idea de Adam Smith (1723-1790) sobre la maximización del beneficio individual. Esto es lo que John F. Nash (Premio Nobel de Economía en 1994) realiza al aplicar la teoría de juegos a la economía. A lo mejor lo entendéis mejor recurriendo al cine. Mirad estas escenas de las películas El Barchante Neguib (1946) y sobre todo Una mente maravillosa (2001) (una explicación muy detallada aquí). Nash profundiza en la importancia de la teoría de juegos desarrollada en la década de 1930 por Von Neumann y Morgestern (Theory of Games and Economic Behavior): existen mercados con múltiples equilibrios según la actitud de los distintos jugadores (el juego más conocido es el denominado dilema del prisionero: L.A. Confidential (1997)). En otras palabras, para Nash (equilibrio de Nash) una sociedad maximiza su nivel de bienestar cuando cada uno de sus agentes económicos maximiza su bienestar teniendo en cuenta al resto de los agentes económicos.

El "teorema del segundo mejor" desarrollado por Lipsey y Lancaster sigue en esta línea. Sucintamente, lo que expresan estos autores es que si una economía no puede funcionar en el óptimo -la mejor situación dentro de todas las posibles- (véase óptimo de Pareto) debido a múltiples razones, tampoco se puede saber qué tipo de regulaciones o intervenciones estatales necesitará. Dicho de otra forma, es posible que un país, una región o una economía funcione mejor con una mayor cantidad de actuaciones o restricciones gubernamentales que sin ellas. Podemos pensar en las empresas que se comportan como monopolios. Dado que no es posible alcanzar la competencia perfecta es posible que sea más eficiente, prestar el servicio público y la producción privada regulada (la segunda mejor opción).

Más cosas. Otro economista Kenneth Arrow (Premio Nobel de Economía en 1972) señaló previamente que “no hay ninguna forma de obtener una ordenación social a partir de las preferencias individuales, que resulte universal, respete la unanimidad, no sea dictatorial y sea eficiente”. En otras palabras, nos quedaríamos desafortunadamente en manos de un dictador benevolente.

Una última cuestión. Algunas de las cosas que hacemos causan efectos que no tenemos en cuenta a la hora de realizar determinadas actividades: contaminación medioambiental de algunas empresas, contaminación acústica de los automóviles, poner música a un alto volumen en los móviles o por la noche en nuestra casa, fumar delante de los fumadores pasivos, etc. Según explica Llobet en Nada es Gratis, "dado que los agentes no internalizan estos efectos negativos, en una sociedad tenderán a producirse en exceso (mientras que los efectos positivos que los agentes no internalicen tenderán a producirse demasiado poco)". Pues bien, Coase (Nobel de Economía en 1991) propuso asignar derechos de propiedad sobre estos bienes (o males). ¿Qué significa esto? Simplemente que compremos nuestro derecho a poner música, a contaminar o a fumar delante de la gente. En otras palabras, las empresas comprarán en un mercado de emisiones su derechos de contaminación. En función, del precio que paguen decidirán si resulta más rentable producir de otra manera.